KARIAN Smithson. Parte final
-.Por favor Karian. No seas tan dramático.
- ¿Qué decís? Recorrí toda la isla de arriba abajo! No están, ¡tonto! Los perdimos. ¡Y es nuestra culpa!
- K, toma un respiro, estás acelerado y perdiendo el sentido. Ellos van a estar bien: no te preocupes. Ahora te pido que te calmes para poder ingresar en condiciones óptimas a nuestro interior. “Pablito clavo un clavito” nos acompañará e iluminará con su presencia.
- ¿Cómo? ¿De qué me perdí?
- Vamos a entrar, si querés quedarte por acá esperándolos te entiendo con claridad.
El incógnito troglodita, que hasta ese momento se mantuvo esperando a un lado, se acercó para dirimir el conflicto: “Karian: creo que tus esfuerzos de retroceder han sido en vano. Para acceder aquí no van a necesitar a sus compañeros. Por el contrario se volverán una pesada carga, el camino para llegar es largo. No tengo el gusto de conocerlos pero si no llegaron hasta aquí con ustedes por algo es. Ya es tarde, sería prudente comenzar a caminar al centro.”
-Dame un minuto para pensarlo- exclamó Karian posando la palma de la mano la frente.
Carl y el habitante de la caverna se miraron a los ojos fugazmente. Con una sonrisa en el alma comprendieron que Karian por costumbre estaba jugando a mantener una posición contraria a la de Carl. La postura de este se había invertido y polarizado tanto que Karian debía ajustar ciertos parámetros en su interior para entender lo que estaba sucediendo en el espíritu de su amigo. Finalmente asintió con la cabeza y los tres empezaron a marchar hacia el interior de la cueva y con cada paso el silencio se hacía más disfrutable. La oscuridad ganaba lugar y el desconocido habitante de la caverna encendió una vela para seguir avanzando.
Nancy giró. Un seno se le salió por encima del escote. Se miró. El rubor y el pulso acelerado se mezclaron.
-Alto, Karian. –Acotó Carl poniendo su mano en señal de alto. –Concéntrate.
-Ok, ok, dijo Karian. “A ver… ¡arregla eso, por favor, Nancy!
-Bien, bien, mi vida, ya voy… ya está!
-Ok, ok. Sé cómo salir de aquí, sentenció Karian. Las palabras dieron un cierto consuelo a algunos en el grupo al tiempo que desconcertaron a otros, que conocían mejor a Karian y su extraña forma de pensar. –Rápido, sáquense la ropa. –Aguardó unos instantes-.
-No, dijo luego, mejor no lo hagan. Pero creo que podríamos salir con una nave que nuestro amigo de las profundidades tiene escondida allá atrás.
-¡Karian! –saltó Nancy-. ¡Karian Smitson! Exclamó mientras se acercaba hacia él. –Tú… eres… ¡un encanto!
-Voy a matarlo ahora mismo, dijo secamente Carl y acometió hacia Karian que en ese momento parecía atraer todo hacia él como un torbellino inacabable de sorpresas y ocurrencias que explotaban aquí y allá todo el tiempo. Entonces Carl fue detenido por Willy Dunkel, que con gesto suplicante lo llamó a la reflexión.
“¡Esperen! ¡Esperen un segundo! ¡Alto!” Gritó Carl Holdman al darse cuenta de lo que ocurría.
“Aprés nous le déluge.”* Dijo Karian en un pésimo francés que seguramente Tacuba podría superar ampliamente.
-¿Pero cómo? Yo… digo, nosotros estaba… -Y se dio cuenta de que el efecto del narcótico lo había hecho tener alucinaciones mientras Karian había traído a todos a salvo. Entonces se serenó y dijo:
-Bien, señores y señoras, que siga la función. Ah, por cierto, esa frase que acabas de decir, Karian, es la misma frase que vimos hace un rato escrita en código, ¿no es cierto? Y hasta es probable que tú hayas estado aquí antes y la escribieras entonces solo para conseguir tus propósitos sin importarte cuantos mueran en el camino ¿verdad? Bien, no te juzgo, pero la verdad es que algún día vas a tener que pensar en los demás o no te quedará ningún amigo.
-Está bien. Carl Holdman, señor Carl Holdman; tu discurso ha sido de lo más emotivo, pero te diré que lo que en verdad va a suceder es que me darás las gracias por haber pensado en ti para este trabajo.
-Bueno, bueno –intervino Nancy con su habitual histrionismo-, no es tiempo ni lugar para discutir.
Y una vez medidas las intenciones de todos, siguieron avanzando junto al innominado caballero que los condujo hasta una prominente nave.
* * *
*”Después de nosotros el diluvio.”
Un mundo debajo del nuestro. Una civilización elevada pero situada a gran profundidad. Cuántos darían todo lo que poseen sólo para pasar un día en tan maravilloso lugar.
Allí, tal como nos indicara nuestro guía, no se usaban nombres para designar cosas o personas, y los diálogos eran sutiles, casi se diría telepáticos. Era, en definitiva, un arte de comunicarse por medio del amor y amorosos pensamientos dirigidos hacia todas las cosas. Un Paraíso, podría decirse.
Debería sentirme triste por no saber los detalles de la estadía de nuestros amigos en ese lugar mágico, sin embargo, a veces es bueno que ciertos velos que cubren la realidad sigan haciéndolo hasta que uno mismo pueda descorrerlos.
Y al final de esta, la primera gran aventura de Karian, todo estaba –en apariencia- como al principio.
Se sirvió un matecito entonces. Sobre su mesa de trabajo se hallaban varios papeles. Entre ellos estaba este de aquí abajo, un poema que refiere la lucha del aventurero navegante contra un Dragón en una isla remota del Pacífico Oriental.
EL ÚLTIMO DRAGÓN
Trenzado en batalla
Caminando sin cesar,
solo,
a veces disperso
Y mi visión
Se cerciora del campo
Se iguala al infinito
Con su aura espectral
Me enfrento al
Dragón de los abismos
infernales,
y llego a volar
sobre su ala
Sin temor
Llegué a la cumbre
De mi alma,
a la cima de mis sueños.
Sábado 12 de diciembre de 2015
Karian

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