Aventuras de KARIAN. Parte II
LAS AVENTURAS DE KARIAN SMITSON Y SU AMIGO CARL HOLDMAN
PARTE II
Por Horacio Kiel y F. Introini
Esta es la historia de las aventuras de Karian Smitson.
Decir que no habría historia sin Carl Holdman, o, inclusive, que el mismo Karian no podría haber hecho nada sin Nancy, y aún sin su amiga la paloma mensajera, creo está de más, y, no obstante, sería descortés no mencionarlo.
Pero, como toda historia que se precie, es imprescindible que hay tenido un comienzo impreciso y vago en el cual nadie podría vislumbrar una gran aventura ni nada que se le parezca.
En fin, miren lo que sucedió entonces.
18/4/2015 – Prisión Federal – Louisiana, CA
Para Carl:
“Tenía yo todo el operativo preparado desde hacía meses. Había grabado en mi mente cada paso, cada parte del plan. Aun no entiendo lo que pasó. La ocasión era una reunión especial de las Naciones Unidas, y mi misión como de costumbre era garantizar la seguridad de Obama. Una y otra vez revisé todo para que saliera perfecto. Llevaría mi arma debajo de mi saco negro y me mantendría cerca del Sr. Presidente todo el tiempo. Habíamos tenido algunas amenazas pero Obama confiaba en mi sentido profesional para encargarme de las situaciones más difíciles. Resultó que en cierto momento creí ver un movimiento inusual, algo repentino, y me puse en alerta máxima, al punto que desenfundé instintivamente el arma y le disparé al Presidente directo en la cabeza. Como vistes en la televisión seguramente, la bala lo mató instantáneamente. Pero; ¿Por qué le disparé? No lo sé. No logro entenderlo. Tenía todo tan planificado que lo único que podía salir mal estaba dentro de mí, no fuera. He sido condenado a cadena perpetua. Sé que me sacarás de aquí, y por eso me he mantenido calmado hasta ahora. Hasta encontré la forma de salir, sólo tienes que darle unos dulces al guardia –porque le encantan- y pedirle la llave de mi celda a cambio. Te la dará, no lo dudes. Te espero.”
Karian
Como no disponía de una paloma mensajera esta vez, optó por enviárselo por correo electrónico desde su computadora personal, que usaba principalmente para jugar juegos on-line con los guardias de la prisión. Tomó luego su habitual hidromasaje en el jacuzzi de su celda, y ya vislumbrando su futura liberación se durmió profundamente en su cómodo colchón de plumas.
“¿Por qué maté a Obama?”, era lo primero que pensaba siempre al levantarse cada mañana. Debía, necesitaba tener una respuesta satisfactoria que lo inculpara o lo eximiera de culpa, pero que al menos lo sacara de la tortuosa incertidumbre.
“La máxima seguridad –reflexionaba entonces- que podía brindarle era matarlo. Eso, sin duda, fue lo que cruzó por mi mente ese día. Al no habar ninguna garantía de seguridad en este mundo, asesinarlo le dio la paz que nunca alcanzaría. Tal vez es por esto que, llevando mi sentido del deber al límite, matarlo era el único modo de preservar su integridad de un atentado, puesto que muerto ya nadie podría atentar contra su vida.”
Recordó entonces la primera vez que habló con Carl Holdman, en Plumm Island, un empleo que eligió en forma apresurada y siguiendo únicamente su instinto, pues se hallaba meditando en un acueducto de Brooklyn cuando recibió la llamada, y él, todavía en estado de trance, aceptó sin realizar ninguna evaluación previa del asunto. No obstante, pensaba, fue bueno para él haber aceptado pues de lo contrario no hubiera conocido a Carl y entonces no contaría ahora con ninguna persona medianamente calificada para sacarlo de allí. “Como dije –escribe en su diario en prisión- , las distracciones y la vida de lujo que he llevado en la cárcel me han alejado de la meditación y la práctica del Zen. La verdad es que ansío salir de aquí para volver a mi retiro en la gruta del ratón Mickey en Oslo, y allí entonar mis cánticos acompañándome en ocasiones con el arpa que dejé allí escondida la última vez que me alejé de la ciudad para oír la voz de mi interior. Pero, después de todo, sería injusto quejarme, puesto que me han tratado muy bien aquí, al punto que me dieron un cupón para que pueda sacar hasta tres películas gratis por mes del DVD de la prisión. Pero en fin, esto se acabará, y en breve seré libre.”
Ahí estaba Carl Holdman más ebrio que nunca navegando por los ríos de la información, buceando en la Web oscura, mascando las siempre crocantes noticias del mundo, cortando el aburrimiento con novedades y bebiendo de un Chivas Regal 12 años recién abierto.
La Web oscura funciona gracias a una red global de usuarios de computadoras que creen que Internet debería operar fuera de la supervisión de las agencias que vigilan el cumplimiento de la ley.
Cada trago escondía la necesidad imperiosa de borrar recuerdos, recuerdos de una vida profesional atormentada por maltratos animales, años de lobotomías, injertos cerebrales en famosos, cirugías faciales de cambio de identidad, desconexión de órganos vitales en pacientes sanos y una lista entera de violaciones a los derechos humanos con el fin de profundizar el conocimiento humano. De a ratos las imágenes se escabullían en su mente, sus nerviosas fibras se estremecían para invadir su presente atormentando su existencia y generar el deseo de huir de su propio cuerpo. En esos trances se ponía a dar patadas al fuego cuando una pesada mano golpeo la puerta de la cabaña. Se acercó al ojillo, era Willy, que con postura curvada y manos sobre las rodillas esperaba la apertura de la misma. Carl abrió la puerta y Willy se incorporó rápidamente. El corazón de Willy repiqueteaba
“Que te pasó Willy?”
-Prende, prende, préndela.
- Ya está prendida la estufa, vení, acercate chambón, estás helado.
- Prende la tele…
Carl encendió la TV por curiosidad y para satisfacer la demanda de su proveedor.
“Que pasa Willy? están retransmitiendo Boston Celtics vs. Denver Nuggets, ¿venís para ver el partido? Me hubieras avisado antes preparaba una picada”
“No! Pone CNN ya, o algún canal de noticias.”
Carl buscó el control remoto que se refugiaba entre los almohadones del sillón, puso el canal 23 CNN y sus ojos se agrandaron mientras leía el titular susurró imperceptiblemente “ahora entiendo de que venía”.
Willy: ¿Era amigo tuyo verdad?
-¿Obama? No, nunca llegué a conocerlo personalmente
- Me refiero al terrorista.
- ¿Qué terrorista?
- El asesino de Obama, Karian Smitson, exjefe de seguridad de la CIA ¿lo conocías verdad?
- Si lo conocía sí, trabajamos juntos, pero amigo no es, amigos son pocos.
- No entiendo como estaba al frente de esa empresa, al mando de
- Mató al presidente de EEUU. ¿Acaso no es de los malos?
Carl no quería saber nada sobre posibles consecuencias del atentado y no recordaba comentar a Willy nada sobre su anterior trabajo, menos había mencionado a Karian. Sus preguntas eran incisivas y no hacían más que aumentar su paranoia. Willy cumplía una tarea simple en Alaska era el proveedor de alimentos de varias familias de la zona, pero no era ningún tonto. Carl se llamó al silencio y sin sacar la vista del televisor ensayo un zapping añorando toparse con imágenes esclarecedoras de lo acontecido en la sede de las Naciones Unidas. Ante el silencio y la duda Willy decidió marcharse aludiendo que tenía que distribuir atún a varias familias.
“Chau, Carl. El martes pasó por acá a dejarte el pedido, ¡nos vemos! “
Carl totalmente imbuido no escuchó las palabras de Willy y sólo reaccionó cuando este cerró la puerta a sus espaldas.


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