KARIAN Smithson, Aventuras - Parte V



 






Día 7

Esta noche encontré algunos apuntes del capitán en mi camarote y uno de ellos me llamó bastante la atención: “Los marineros de Shetland, los cuales aún creen dominar los vientos mediante nudos.” Sir James G. Frazer en “La rama dorada”. Creo que el capitán Red Kid está un poco afectado por pasar tanto tiempo en alta mar, pero no se puede negar que ha sido muy eficiente en su labor.

Karian S.

Día 8

No sé donde está Carl. Algo no me huele bien. Me pregunto si estará con Nancy en alguna parte. De hecho no me parece mal si quiere tener una relación ella, aunque no me parece que sea la mujer correcta para él.

Me la pasé hablando con Willy sobre cosas sin importancia, pero fue sólo para distraerme de lo de Carl Holdman, pues no entiendo porqué halla permanecido tanto tiempo sin subir a proa.

Luego me paseé por el puente y aproveche a hacer mis ejercicios de concentración.

El capitán Red Kid, perdón, Kid Red, es que siempre me confunde su nombre, como digo, el capitán me observaba con atención por momentos pero sin llegar a entender qué estaba haciendo.

Nancy apareció por la noche en mi camarote y me contó un cuento para que me duerma.

Karian S.

 Era sábado, y sé que ya habían transcurrido unos diez días desde que zarpáramos –pues yo tuve que acompañarlos durante un tramo de la travesía-. Todos se agolparon a la puerta del camarote de Karian.

-¿Qué pasa?- Preguntó Carl.

-Es Karian, que no responde a nuestros llamados, y está ahí encerrado escuchando un bolero, informó Willy.

-¡Tontos! –Exclamó Carl-. ¿No se dan cuenta de nada ustedes? Seguramente ha dejado la radio encendida para despistar a posibles intrusos. ¿O acaso realmente creen que va a estar escuchando un bolero?

¡Karian! Gritó Carl, antes de derribar la puerta.

¡BUM!

Y en efecto, no había nadie.

¿Dónde estaría Karian? Y ¿por qué tanto misterio?

Luego de este episodio Carl trató de recomponer sus emociones y justo se encontró con Nancy en la proa, que observaba a Karian subido al puente de la nave en una actitud de capitán que no le sentaba tan mal.

-Ustedes son muy diferente ¿no?

-Bueno, Karian y su lucha interior –le dijo Nancy con suavidad-, es “su lucha” interior. En cuanto a mí, si me han llamado libertina alguna vez… bueno, solo te diré que eso no le ha impedido a él llegar a dónde quería, ¿verdad?

-Es cierto, sentenció Carl Holdman, que no sabía muy bien aun qué exactamente buscaba de ella y por eso justamente cedía a la tentación de una conversación insustancial para tratar de descubrirlo.

                                             * * *

“Avanzó entré la asamblea, como un mensajero de Dios…”, dijo Eusebio, sobre Constantino.

Y creo que justo así podría describir a Karian Smitson presentándose ante el jefe tribal de los Mox del Pacífico Oriental. Luego de un tan largo y cansador viaje la experiencia en tierra y en un sitio tan especial como ese era una experiencia diferente para todos los miembros de la embarcación, aún para Red Kid, quien se encontraba especialmente animado aquella tarde.

-Chucupra, chukupa, sabutiá alcumine chucu cucu. Sabote.

-¿Qué significa eso? –preguntó Karian al traductor.

-“Con su venia, señor, dispénseme usted su me voy a descansar. Buenas noches.”

   “Vaya, que educados son aquí”, pensó para sí.

-Dígale que le deseo una buena noche, y que mañana lo invitaré un trago de ron.

Estas fueron las primeras palabras que intercambiaron Karian y Tacuba, el líder de los Mox.

Luego traductor explicaría que el líder Tacuba prefería agasajar a los huéspedes después de la caída del sol y que al decir que estaba cansado solo pretendía hacernos ver esto. Así que el capitán Red mandó buscar una botella de ron y otra de vodka saborizado y todos siguieron al traductor que los condujo hasta su propia choza.

Por la noche, Tacuba nos hizo el honor de contarnos una historia muy interesante sobre la creación del mundo, que dice haber oído de la familia bantú de los bushango en cierta ocasión en que llegó a África luego de que su nave se desviara merced a una tormenta.

     “Al principio reinaba la oscuridad sobre la Tierra, que estaba sumergida bajo las aguas. Entonces vino Bumba, un gigante de piel blanca. Cierto día éste sufrió un cólico y vomitó. Primero devolvió las estrellas, el Sol y la Luna. Luego el calor del Sol evaporó las aguas y aparecieron bancos de arena. Entonces un hijo de Bumba vomitó una planta de la que fueron naciendo todas las plantas que existen. A continuación vomitó las criaturas de la Tierra, primero los animales más importantes y por último al hombre. También devolvió las medicinas, el hierro aerolítico y la navaja de afeitar. Una vez creada la Tierra y todo cuanto contiene, Bumba descendió a los poblados de los hombres y les dio la ley que prohíbe los alimentos impuros. Luego eligió a uno de los humanos para que reinase sobre ellos como dios en la tierra. Hecho esto se elevó por los aires y desapareció en el cielo.”

Karian se quedó un poco pensativo, y su amigo Carl Holdman se preocupó por la reacción que adoptaría aquel ante el relato que acababan de oír.

-Esa historia es una mierda, escupió Karian.

-“Kapuchú sucupru.” Tradujo el negro con toda la exactitud que le permitía la lengua tribal.

Carl Holdman sintió el temor en su piel y miró a Willy para usarlo de termómetro para medir la gravedad de la situación.

-Yo tengo una mil veces mejor. Pertenece al Dzyan, el libro sagrado de la India.

Pumba-Pumba, nuestro intérprete, se calmó entonces al oír esto último, y el líder de los Mox acogió el desafío de Karian mostrando gran interés en aquella historia y destacándose por su sentido del humor, que de no ser tan fino hubiera decretado ya nuestra muerte.

    “En el Cuarto mundo –comenzó Karian- se ordena a los hijos hacer sus fieles retratos. Una tercera parte rehúsa, las otras obedecen. Se pronuncia la maldición… Las Ruedas más antiguas comenzaron a girar. La Hueva materna lo llenó todo. Se libraron batallas entre creadores y destructores, y batallaron en el espacio; apareció el germen y continuó apareciendo. Saca tus cuentas, Lanoo, si quieres saber la verdadera edad de tu Rueda.”

Todos hicieron silencio. La respuesta de Tacuba llegó de inmediato.

-Cachumba, trubi trubi. Sucunuk, chula rapá´.

-“Tú, gran sabio. Tú, entonces, leer poema del dragón”, le transmitió Pumba-Pumba a Karian.

Karian accedió así que Pumba – Pumba tuvo que leérselo.

EL MONSTRUO DE LA ISLA

¡Oh! ¡Miren allá!

¡Es el Devorador!

El monstruo maldito de la

Isla de la Calavera

¿Quién podrá matarlo?

¿Quién osará medirse con él?

Un viajero vendrá –dicen-

Desde occidente

Y lo matará sin violencia

Uniéndose a su impulso vital

Entregándose al universo

Consagrará su alma

Al servicio de todos los mortales

¡Que venga!

¡Que venga pronto!

A él esperaremos con ansias

Y él nos dará la victoria

Que tanto hemos esperado

Todos hicieron silencio en expectante respeto, y finalmente Karian tomó la palabra:

   - Entiendo lo que dice, jefe Tacuba, pero no podré llegar a la Isla del Dragón si no me lleva, pues no hay un mapa que la sitúe en alguna parte del Pacífico.

-Churucumba, ¡cupu! Miri biri cari pu’. Sapú, sapú. Catizumba gannibi, dijo Tacuba luego de oír la traducción de Pumba – Pumba.

Lo que significaba aproximadamente “Lo entiendo caballero, pero las demandas del mercado son muy exigentes. Prefiero vivir tranquilo con mi pueblo.”

Y en este punto se despertaron ciertas dudas sobre la salud mental de Tacuba o, en su defecto, alguna broma del traductor.

-Al menos ayúdeme a encontrar el tesoro de la Calavera. –Dijo Karian tratando de encauzar la situación.

El líder tribal pensó unos momentos y todos se hallaban expectantes y ansiosos. En un momento tomó con fuerza su lanza y respondió:

      -Trikipachi, cachumba. Rapiquipá sicupú. Chubu, chubu. Sempinicapa, chuck’, chuck’.

Antes de oír al traductor ya todos sabíamos que la respuesta del jefe había sido favorable a nuestras intenciones, pues lo leímos en su semblante plácido y distendido.

-El jefe dice que se está cagando parado, así que irá a defecar en aquél árbol y luego subirá al barco con ustedes.

La algarabía de todos inundó entonces el aire mientras Tacuba, el jefe de los Mox del pacífico se apresuraba a llegar al árbol más cercano.

Nueva Zelandia es la isla más importante del Pacífico meridional, navegando en sus primitivas canoas, los antepasados de los Mox se orientaban por las estrellas siguiendo una tradición ancestral.

“Cuando, durante el otoño, la Cruz del Sur esté a medianoche en el horizonte, deberemos virar hacia la izquierda para llegar a Bora-Bora”, dijo Tacuba.

-Para qué iremos a Bora-Bora?, preguntó Karian entonces.

-“Plumibi, saiburipia, Evelin, seicuntrú camuripilli”, lo que el intérprete tradujo como “mi sobrina, Evelin, se encuentra vacacionando allí, y quiero que la conozcas.”

-¡Ah! Está bien –repuso Karian, uniendo las manos de forma ceremonial indicando hasta qué punto sentíase honrado con la propuesta-.

El hecho de desviarnos 500 Km. para que Karian pasara una noche romántica en Bora-Bora podría habernos inquietado en alguna otra circunstancia, pero todos sabían que lo que proponía Tacuba encerraba un propósito más profundo que no el de una simple excentricidad.

    Los habitantes de Nueva Zelandia, los maoríes, tienen una leyenda que el mismo Tacuba quiso narrarnos durante el viaje, y a todos nos complacía la posibilidad de oírla. La leyenda decía más o menos esto: “Hace muchos años, había un rey llamado Kupe quien emprendió una expedición en compañía de sus dos hijas y dos pájaros. Kupe descubrió la costa oriental de Nueva Zelandia, desembarcó y envió ambos pájaros en misión de reconocimiento. Uno de los pájaros recibió el encargo de medir el declive de los ríos y corrientes marinas; el otro debía informar acerca de las plantas y bayas desde el punto de vista de su utilidad como alimento para el hombre. El primer pájaro se rompió las alas mientras medía una caída de agua. Cojo, como estaba, ya no pudo volar más. El segundo pájaro habría hallado un tipo de baya tan exquisito que prefirió pasar el resto de su vida en el bosque: Kupe no lo vio nunca más. La consecuencia fue que el rey Kupe y sus hijas un pudieron regresar más a su patria.”

“Pero según la leyenda más antigua de los maoríes –agregó luego-, Nueva Zelandia habría sido pescada de las olas del mar por el dios Malauí.”

Al finalizar Tacuba su historia, el intérprete añadió que en la actualidad los maoríes se refieren a la isla septentrional –Te Ika-A-Maaui- como al pez de Maaui, en tanto que la isla meridional (Stewart Island) la conocen como la canoa del dios. “La península Mahia (nos dijo Pumba-Pumba) –Te Matau a Maaui- es el anzuelo; la región de Wellington –Te Upoko O Te Ika- es la cabeza; la península de Nord Auckland –Te Kihu O Te Ike- es la cola del pez.”

Nos dijeron que al dios Maaui lo conocen como el “pescador de tierra”. A Karian, que había estado meditabundo hasta entonces, se le dio por el sarcasmo y les dijo que había escuchado decir que si Maaui podía volar era porque le habían incrustado un motor de mercurio, pero el traductor no supo cómo traducirlo a su idioma –por suerte para todos- así que Carl Holdman se mordió el labio inferior mientras Nancy se sonreía divertida, en tanto que Alex tuvo que taparse la boca haciendo que tosía para sucumbir a la risa completamente.

   La relación entre Karian y el líder de los Mox era al parecer ambigua, pero no más de lo que era la relación de aquél con todo el mundo circundante, pues aún no había luchado contra el dragón, hecho que como verán más adelante, logró cambiarlo considerablemente.

Así siguieron navegando con buen tiempo y anhelos de aventuras que desde siempre aguardaron hasta en el corazón de los más escépticos. Luego de pasar por Bora – Bora y pernoctar allí con amigos de Tacuba, fueron a enfrentar el Destino en la Isla del Dragón, cuyas coordenadas sólo se hallaban escritas en el corazón del líder de los Mox.

El mundo de occidente había quedado muy atrás en el recuerdo para todos los viajeros, y en el día de la llegada a la misteriosa isla ya nadie era el mismo ser que había zarpado en Alaska.

Karian se veía muy decidido a enfrentar el peligro, y al pisar tierra parecía un conquistador, pues había logrado dominarse a sí mismo y eso daba la sensación de absoluto gobierno sobre los elementos del entorno.

El capitán Red Kid prefirió quedarse en la costa para cuidar el barco pues nada sabía sobre esa isla y no creyó prudente aventurarse y dejar la embarcación a cargo de sus hombres.

El resto emprendió la marcha en silencio.

El peligro no se hizo esperar mucho, pues a solo unos doscientos metros y ante la mirada atónita de todo el grupo de expedicionarios, apareció el gran monstruo que había atemorizado a los hombres durante tan largo tiempo.

-SOY UN DRAGÓN ÍGNEO, Y SOLO UN VERDADERO GUERRERO SAGRADO PUEDE VENCERME.

Todos se hicieron para atrás y dejaron a Karian solo con el dragón, que entonces dijo:

-“¡TÚ QUE HAZ TRANSITADO EL CAMINO DEL GUERRERO SAGRADO DURANTE MÁS DE DIEZ AÑOS! AHORA, ¡DEMUESTRA LO QUE SABES! HAZLO Y TE DEJARÉ IR JUNTO CON TUS AMIGOS, Y TENDRÁN EL TESORO DE LA CALAVERA. ¡ADELANTE! Y SI NO ME VENCES SABRÁS QUE EL UNIVERSO NO ESTÁ APOYÁNDOTE, Y JAMÁS LO HARÁ.”

Karian se concentró y cerró los ojos. Todo lo que aprendió en sus duros años de entrenamiento junto a las aves, soportando tantas y tantas tempestades y tormentas, y los libro que Nancy siempre le compraba, todo eso sería inútil si no podía aplicarlo justo ahí en ese momento crucial para su vida y la de sus nuevos amigos.

   En ese momento se sintió uno con todo, uno con el universo entero. ¡Él era el universo manifestándose! Entendió entonces lo que aquél dragón ígneo representaba. Abrió los ojos con calma y avanzó resuelto hacia el monstruo letal. El miedo lo abandonó, y su decisión era tan letal como el fuego del dragón. Al llegar al lado del temible guardián del tesoro, paró súbitamente y fue como si el universo también se hubiese detenido con él. Y así exclamó:

-“¡YO SOY TÚ! Y ¡TÚ ERES YO! NO TEMO LO QUE PUEDAS HACERME, SOY LIBRE.”

Al oírse su último sonido pareció como si el dragón jamás hubiese estado allí enfrente, y nadie notó su desaparición ni tampoco percibieron su falta.

Por fin Karian Smitson sabía realmente de qué se trataba. Se habían acabado las especulaciones, y finalmente sería libre.

                                                 * * *

.-No me iré sin Tacuba.

-¡No hay tiempo Karian! La tormenta ya viene y todos pereceremos si no huimos ahora.

-Vinimos juntos, y juntos nos iremos. ¡Vamos! ¡Vengan! Entremos a la cueva con Tacuba y yo les prometo encontrar una salida.

Todos pensaron seriamente en las posibles consecuencias de confiar sus vidas en alguien tan inestable como Karian, pero al recordar cómo había vencido a aquél dragón ígneo, optaron por creer en que ya había cambiado y que era ahora un hombre capaz de sostener una promesa.

   En principio, Nancy no dejaría a Karian por nada, ya que lo consideraba como un hijo, así que entró a la cueva mostrando toda la decisión que le quedaba para así dar un impulso de confianza a todos, inclusive a Karian. Carl Holdman, que se sintió extrañamente atraído por Nancy desde el principio, sucumbió a su influjo poderoso. Pumba-Pumba se hallaba ahora todo el tiempo al lado de Karian como si fuera su escolta personal o una especie de soldado que lo protegía de todo contratiempo. Finalmente Alex y Willy Dunkel se resignaron a seguir con esto hasta el final, y ni ellos mismos saben la razón que les llevó a hacerlo.

    Así las cosas, encendieron las linternas y caminaron con aire de exploradores. Al poco rato encontraron a Tacuba estudiando unas inscripciones aparentemente antiguas, que se hallabas del lado izquierdo de la cueva talladas en las paredes de roca.

-Pregúntale si sabe lo que dicen las inscripciones- dijo Karian al traductor.

-“Chupru, ¿sanquimbiá samubi?”, preguntó Pumba-Pumba al jefe de los Mox.

-“Miri biri; Karian, setputkupá mani. Feriuntpunik mayú.”

-Dice que tú lo mires, y lo resuelvas junto a tu amigo. Que ambos podrán descifrarlo combinando sus respectivas habilidades.

Carl Holdman puso una cara en la que se leía claramente: “otra vez estoy metido en un agujero sin fondo por Karian Smitson, y esta vez los estoy literalmente.” Karian, que había leído esto en el semblante de su amigo le dijo:

-Tu vida sería muy aburrida sin mí, ¿no lo crees?

-Cuando salga de aquí me ocultaré tan bien que ni tu paloma mensajera podrá localizarme.

-Ja, ja, no te preocupes –dijo Karian en tono amistoso- no voy a meterte en más problemas, no es necesario que te escondas. Y, por cierto, gracias por cuidar a mi paloma en Alaska, nunca pensé que el frío la afectara tanto.

-Vos nunca pensás, mejor dicho.

Karian se rió con ganas y luego le señalo las inscripciones y le dijo:

-Creo que tenemos trabajo que hacer. Vamos a ver qué es lo que dice. Nancy, ¿trajiste papel en tu bolso? ¿Y lapicera? Gracias, sos la mejor. Creo que lo estudiaremos con más facilidad si lo copiamos, y así podríamos seguir avanzando al tiempo que tratamos de averiguar el significado de esto.

“En cierta ocasión -comenzó a explicar Karian a Carl Holdman en el camino por la cueva- la paloma mensajera, la misma que te envié la otra vez, desapareció un tiempo y no cumplió con su cometido como hacía habitualmente. Yo pensé entonces que se habría cansado de trabajar para mí y habría emigrado con alguna colonia de palomas en alguna parte, lo cual, realmente no me hubiese molestado, puesto que lo primordial para mí era su felicidad. Sin embargo, resultó que un día en que no la esperaba, volvió trayendo consigo un billete para mí con inscripciones en un lenguaje antiguo y desconocido, pero al estar este fundado en la lógica simbólico matemática no tuve mayor inconveniente para descifrarlo. Y en resumen –dijo dejando caer las manos en ademán histriónico-, es por ese mensaje que resolví meternos en todo esto, pues era la única forma de que ambos hallemos la respuesta que tanto hemos buscado.”

Y mientras Carl pensaba Karian buscó evadir el molesto silencio y buscando reafirmar sus palabras agregó:

-“Los dioses –dice la leyenda- volverán luego de la tercera catástrofe, que destruirá a toda la humanidad,” y, ¿acaso no lo ves? ¡Nosotros somos esa catástrofe!

-Karian, estás loco, me parece que…

-¡Mira! Ahí viene un habitante de la cueva, vayamos a hablar con él.

-“Todos habréis de morir junto con vuestros criados y vuestras riquezas, y de vuestras cenizas surgirán nuevas naciones. Y si éstas olvidan que son superiores, no debido a lo que se ponen sino a lo que se desprenden, lo mismo les acontecerá”; dijo el extraño habitante de la cueva.

-Listo, se acabó –dijo Carl Holdman-. Este tipo está más loco que vos. Yo me voy de aquí, prefiero enfrentarme a un ciclón que a esto.

-Espera, creo que te estás apresurando al juzgar a este hombre. Lo que ha dicho se encuentra escrito en una tablilla mejicana de más de 12.000 años de antigüedad, las cuales hablan del continente perdido de Mu. No te ofendas, pero creo que la pasión está nublando tu juicio, Carl.

-A ver si entiendo –decía Carl mientras el extraño los miraba divertido por tan extraña escena-, vos estás a punto de destruir a la humanidad de un plumazo, y ¿crees que es mí juicio lo que está nublado?

-Perdón si los interrumpo, habitantes de la tierra, pero estoy aquí para llevarlos adentro, al mundo interior. ¿Querrían acompañarme?

-Claro, habló Karian ignorando el notorio arqueo de cejas de Carl-, solo déjenos traer primero a nuestros amigos que se encuentran en otra parte de la cueva. ¿Es eso posible señor…?

-Bond, James Bond.

Carl y Karian se miraron, y entonces el estrafalario ser se echó a reír de la ingenuidad de aquellos visitantes.

Lue

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