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El Collar del Destino
Las hojas eran como estrellas luminosas de una constelación pacífica. Mi misión era encontrar la hermosura oculta en el paisaje aterrador de la estrambótica ignorancia de ese mundo tan extraño.
El destino me encontraría buscándolo, cansado por la tierra en mis zapatos. Así la bondad de mi alma surgiría en un mundo luminoso.
Una fuerza especialmente oscura me seguía por el bosque en la tormenta. Decidí seguir el camino de la lluvia hasta el inframundo para conseguir el talismán mágico custodiado por el Dragón de Fuego. La tarde caía sobre mí como un hacha de dos hojas obligándome a continuar mi camino predestinado por el Eterno. Ráfagas de viento me golpeaban haciéndome tiritar en el vacío del abismo sin control ni reglas. El amor increado que gobierna los nobles corazones explotó como un relámpago ensordecedor. El martillo del legendario Dios del trueno había golpeado y derribado a todos los impíos que se arrastran bajo las cañerías infectas de la envidia y el resentimiento y caen en sus propias trampas pudriéndose por siempre. Ya no soportaba la tormenta y pude refugiarme en un árbol muy especial cuyas hojas eran fuertes y pude descansar varios minutos contemplando la furia incontrolable de la naturaleza en su máxima expresión. El árbol me protegió amablemente para seguir mi impostergable camino hacia la cumbre. La tierra era muy suave y me hacía sentir cierta ingravidez muy especial que consideré un signo celestial, un augurio de triunfo absoluto. Llegó la hora de seguir y ya no tenía esperanza ni mucho menos fe, pero seguí caminando bajo la llovizna que aún me acompañaba fielmente. Pasé frente al castillo y me lavé las manos en la fuente sagrada. Finalmente cuando llegué al lago lo vi. Era el collar sagrado, el legendario Collar del Destino. Me senté y tardé unos minutos en lograr colocarlo correctamente. Allí estaba mi Victoria, allí se cumplía mi destino luego de la increíble tormenta. La fuerza del mal se quebró porque las ratas no soportan las alturas, el legendario collar llegaba de lo alto y estaba en altura más cercana al sublime aliento del altísimo. El retorno fue triste y patético, frío, húmedo, olvidable. Pero el calor sigue el frío y la victoria los cruces de infortunio y nadie llega a la cumbre del éxito sin conocer todas las esferas de la maldad. Quien triunfa sin peligro vence sin gloria y el que traiciona se traiciona a sí mismo.
Y así fue como vi las increíbles armas del eterno caer sobre los que imploran su propia destrucción por causa de su corazón ponzoñoso.
Y ahora que terminó, espero que esta pequeña historia también sea un talismán para todas las nobles intenciones de los mejores corazones que son un diamante que nunca pierde su valor.
Hasta el fin de los tiempos.
FIN
Horacio Kiel
Honorary Chess Ambassador

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